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Las cadenas de restaurantes dedican meses a elaborar un protocolo de servicio.

La cultura no sale del trabajo a las 5 de la tarde de un miércoles. Las personas sí. Y las personas no son siempre predecibles.

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Los operadores de cadenas de restaurantes dedican meses a elaborar un estándar de servicio. Después se lo entregan al jefe de turno y cruzan los dedos.

No es una crítica. Es simplemente la realidad de cómo funcionan la mayoría de los negocios. El estándar queda plasmado en un documento de formación, quizá en una tarjeta plastificada junto al punto de venta. La idea es: contratar bien, formar una vez y dejar que la cultura se encargue del resto.

Pero la cultura no llega puntualmente a las 17:00 de un miércoles. La gente sí. Y la gente es inconsistente.

El cliente que entra un viernes por la noche tiene una experiencia diferente a la del que entra un domingo por la tarde. No porque el estándar haya cambiado. Sino porque nadie lo hace cumplir de forma sistemática cuando el operador no está en el local.

La mayoría de los operadores con múltiples locales lo saben. Han visto las reseñas de Yelp que no se corresponden con la formación. Han hecho visitas sorpresa y han encontrado que se ha omitido el saludo, se ha olvidado la venta adicional o se ha limpiado mal la mesa.

Pero saberlo y resolverlo son problemas diferentes.

Ese es el problema que Starify está diseñado para resolver.

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